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El Niño Torbellino y sus Trucos Geniales


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Había una vez un niño llamado Beto que tenía una risa que sonaba como burbujas dentro de una botella:—¡Bloop, bloop, blooop!

Vivía en una casa amarilla con su mamá, su papá, un gato gris llamado Nube y una habitación llena de juguetes. Beto era bueno, cariñoso y curioso, pero tenía un pequeño problema: cuando se emocionaba… se convertía en un Torbellino.

Por la mañana saltaba de la cama como si fuera un canguro con muelles.—¡Buenos días, mundo giratorio! —gritaba mientras se ponía los calcetines en las manos y los guantes en los pies.

Si era hora de desayunar, Beto giraba alrededor de la mesa tan rápido que el gato tenía que sujetarse la cola para no marearse. Y si había sopa, Beto usaba la cuchara como una catapulta para lanzar fideos al techo.

—¡Mira, mamá! ¡Estrellas blancas!Los fideos caían como lluvia y uno terminó dentro del zapato de papá.

La casa despertaba cada día con risas… pero también con cucharas en el suelo, servilletas volando y migas en lugares misteriosos.

Beto no quería hacer travesuras, pero su cuerpo parecía tener un motor invisible que decía:“¡Más rápido! ¡Más alto! ¡Más ruido!”

Y así, sin darse cuenta, empezaba cada día como un pequeño tornado con zapatillas.

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Después de comer, llegaba la parte que a Beto menos le gustaba: recoger los juguetes.

Su mamá decía:—Beto, es hora de ordenar la habitación.

Beto miraba el suelo lleno de coches, bloques, muñecos y dinosaurios… y tenía una idea brillante (pero no muy buena).

—¡Ya sé! —decía—. ¡Los esconderé!

Así que empujaba todos los juguetes debajo de la alfombra. La alfombra se levantaba como una montaña con bultos extraños.

El gato Nube la miró con atención y decidió que era el mejor sitio del mundo para dormir. Se subió a la cima y ronroneó como un rey.

Cuando papá iba por el pasillo, tropezó con un coche escondido.—¡Oh! Este coche apareció de la nada —dijo, rascándose la cabeza.

La habitación parecía tranquila… pero debajo de la alfombra vivía un país secreto lleno de juguetes apretados.

Beto pensó que había hecho un gran trabajo.—¡Ordenado mágico! —anunció orgulloso.

Pero cuando buscó su dinosaurio favorito, no lo encontró.

—¿Rexy? —llamó—. ¿Dónde estás?

Entonces oyó una vocecita imaginaria:—Aquí abajo… con dolor de cola.

Beto levantó la alfombra y vio a su dinosaurio de plástico atrapado entre un camión y un tambor.

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Rexy, el dinosaurio verde, tenía la cara más seria que podía tener un dinosaurio de plástico.

—Beto —dijo con su voz imaginaria—, el salón parece una selva después de una tormenta. No puedo caminar sin pisar un bloque y me duele.

Beto miró a su alrededor.

Su mamá suspiraba mientras buscaba las llaves debajo de un montón de dibujos pintados fuera del papel. Su papá caminaba de puntillas para no pisar piezas de construcción.El gato Nube saltaba de silla en silla como si el suelo fuera lava.

El ambiente no era de fiesta.Era de… ¡caos!

Beto se sentó en el suelo con Rexy en la mano.Miró los juguetes, los papeles, la alfombra abultada y la sopa seca en la mesa.

—Creo que mi Torbellino gira demasiado fuerte —susurró.

Rexy asintió lentamente.—Ser divertido está bien… pero no cuando todo se cae.

Beto pensó mucho.Pensó con la cabeza, con la barriga y hasta con los calcetines.

—Voy a probar algo nuevo —dijo al fin—.Voy a usar mis superpoderes… para ayudar.

Rexy sonrió como solo sonríen los dinosaurios valientes.

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Al día siguiente, Beto fue al colegio con su mochila y con Rexy dentro, bien sujeto.

En la biblioteca sintió ganas de gritar:—¡Hola, libros dormidos!

Pero recordó un truco nuevo.

El Truco de la Estatua

Beto contó en voz bajita:—Uno… dos… tres…

Y se quedó quieto como una estatua de mármol .Ni un salto. Ni un ruido. Ni una burbuja.

La bibliotecaria levantó el pulgar.Rexy, desde la mochila, pensó:“¡Este niño aprende rápido!”

En clase, cuando quería hablar sin levantar la mano, apretaba los labios y pensaba:—Soy un volcán tranquilo.

En el recreo empezó a correr tan rápido que casi tiró una torre de arena de sus amigos.

Entonces gritó:—¡Misión construcción!

Y ayudó a reconstruir la torre más alta del patio.

Sus amigos rieron. La torre fue más fuerte.Y Beto sintió algo nuevo en el pecho:orgullo sin torbellino.

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Por la tarde, al volver a casa, vio su habitación llena de juguetes.

Beto respiró hondo.—Hora de usar otro truco.

El Comandante de la Limpieza

—¡Soldados de plástico! —ordenó—.¡Regresen a su cuartel!

Guardó coches, muñecos y bloques como si fueran astronautas cansados.

Luego llegó la cena.

En su plato había fideos.

Beto los miró con cuidado.

El Chef Amable

En vez de lanzarlos, intentó poner cinco en la cuchara sin que se cayera ninguno.

—¡Nivel difícil! —susurró.

Esa noche, mamá y papá le dieron un abrazo gigante.

—Qué bien hoy, Beto.

Beto se metió en la cama con Rexy y pensó:—Portarse bien no es dejar de jugar…es jugar sin hacer torbellinosy molestar a los demás.

Y así, el Niño Torbellino aprendió que la mejor magia no es revolverlo todo,sino saber cuándo ser una brisa que hace sonreír a los demás.


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Al día siguiente, Beto despertó con su risa de burbujas:—¡Bloop, bloop!

Pero esta vez no salió corriendo como un tornado. Se sentó en la cama y pensó:—Hoy voy a usar mis trucos geniales.

En la cocina, mamá preparaba el desayuno.Había tostadas, leche… y un tazón lleno de fresas.

Beto sintió cosquillas en los pies, como si el Torbellino quisiera salir.

—¡Fresas voladoras! —pensó.

Pero recordó su primer truco.

El Truco del Respiro

Inspiró como si oliera una flor.Y soltó el aire como si apagara una vela.

Las fresas se quedaron en el tazón.

—Muy bien, capitán desayuno —dijo mamá sonriendo.

Se sentó en la silla sin moverla .Comió despacio y contó las mordidas:—Una… dos… tres…

El gato se acercó y se sentó a su lado. No tuvo que huir de cucharas voladoras.

—Hoy mi Torbellino está dormido —susurró Beto a Rexy.

Y Rexy, desde la mochila, pensó:“Este niño está aprendiendo .”

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En el colegio, la maestra dijo:

—Hoy vamos a pintar un mural grande entre todos.

Había pinceles, botes de pintura y un papel enorme en la pared.

Beto vio tantos colores juntos que su Torbellino empezó a zumbar.

—¡Rojo rápido! ¡Azul saltarín! —dijo moviendo los brazos.

Un poco de pintura cayó cerca de los zapatos de su amiga Luna.

Luna abrió los ojos grandes como platos.

Beto se detuvo.

—Ups…

Entonces usó un truco nuevo.

El Truco del Pincel Amigo

—Yo limpio y tú pintas —le dijo a Luna.

Buscaron un trapo y limpiaron juntos. Luego pintaron un sol con cara sonriente.

—Nuestro sol no se cae —dijo Luna.

—Nuestro sol es tranquilo —contestó Beto.

Cuando terminaron, el mural tenía árboles, nubes, casas y un dinosaurio verde.

La maestra aplaudió. —Cuando trabajamos juntos, los colores se llevan mejor.

Beto sintió que su Torbellino se convertía en una rueda de bicicleta: giraba… pero sin chocar.

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En el recreo, Beto y sus amigos jugaron a la pelota.

La pelota rodaba rápido. Beto corría más rápido.Sus pies parecían cohetes.

De pronto, la pelota casi golpea a un niño pequeño.

Beto se quedó quieto como una estatua.

—Lo siento —dijo—. Fue mi Torbellino.

El niño pequeño sonrió.—No pasa nada. ¿Jugamos despacio?

Beto pensó un momento.

El Truco del Juego Suave

—Vale —dijo—. Pasamos la pelota sin correr.

Se sentaron en el suelo y se pasaron la pelota rodando.

—Es como un caracol futbolista —rió Luna.

—Y yo soy un torbellino dormido —dijo Beto.

Todos rieron.

La pelota no voló.Nadie se cayó.Y el recreo fue largo y feliz.

Beto sintió algo raro: jugar despacio también era divertido.

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Por la tarde, en casa, mamá dijo: —Beto, ¿me ayudas a poner la mesa?

Beto miró los platos. Parecían discos voladores.

—Podrían volar —pensó.

Pero recordó su truco favorito.

El Truco del Camarero Estrella

Llevó los platos uno por uno. Como si fueran tesoros.

—Plato seguro —decía—.

—Vaso tranquilo.

Papá miraba sorprendido.

—Hoy el viento sopla suave.

Luego tocó recoger los juguetes.

Beto gritó: —¡Misión orden!

Guardó coches, muñecos y bloques en sus cajas.

Rexy fue el último en entrar.

—Buenas noches, soldado dinosaurio —dijo.

La habitación quedó limpia. El gato pudo caminar sin saltar.

—Me gusta esta casa sin tormenta —maulló (o eso creyó ) .

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Esa noche, Beto estaba en la cama con Rexy.

—Hoy no hice estrellas verdes —dijo—. Pero hice amigos contentos.

Rexy movió la cola imaginaria.

—Ser Torbellino no es malo —dijo—. Solo hay que aprender cuándo girar y cuándo descansar.

Beto cerró los ojos.

Soñó que era un viento mágico que ayudaba a mover nubes y barcos lentos.

Al despertar, sabía una cosa:

Portarse bien no era dejar de ser él. Era usar su energía para cosas bonitas.

Y así, el Niño Torbellino siguió aprendiendoque en casa, en el cole y con los amigos, la mejor aventura es jugar sin hacer daño y hacer sonreír a los demás.


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Una mañana, Beto se despertó con muchas ganas de jugar. Saltó de la cama y buscó a Rexy.

—Hoy quiero hacer algo nuevo —dijo—. Quiero ser un Torbellino… pero amable.

En el desayuno había pan con mermelada.

Beto miró la mermelada roja. Parecía pintura brillante.

—Podría hacer un bigote gigante —pensó.

Pero recordó sus trucos.

El Truco del Desayuno Tranquilo

Untó la mermelada despacio. Sin manchas , sin bigotes , sin lluvia roja en la mesa.

—Buen trabajo —dijo mamá—. Hoy desayunas como un campeón .

Beto sonrió. Se sintió grande… pero sin girar.

Antes de ir al colegio, ayudó a ponerse los zapatos. Luego ayudó a papá a buscar las llaves.

—Estaban en la mesa —dijo orgulloso.

Rexy asomó la cabeza desde la mochila.

—Hoy tu Torbellino camina —susurró.

Y Beto pensó:“Caminar también puede ser divertido.”

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En el colegio, la maestra dijo:

—Hoy vamos a hacer equipos para construir una ciudad con bloques.

Había muchos bloques de colores.

Beto quería todos los rojos. Quería la torre más alta. Quería empezar primero.

Su Torbellino comenzó a girar.

Pero se detuvo.

El Truco del Constructor Amigo

—¿Construimos juntos? —le dijo a su amigo Leo.

Leo asintió.

Beto puso un bloque. Leo puso otro. Luna puso uno azul.

La torre creció despacio. No se cayó.

—Es una ciudad tranquila —dijo Luna.

—Y fuerte —dijo Leo.

Beto miró la torre. No era la más alta. Pero era la más bonita.

Cuando terminaron, pusieron un dinosaurio arriba.

—Es Rexy, el guardián de la ciudad —dijo Beto.

La maestra sonrió.

—Cuando compartimos, la ciudad dura más.

Beto sintió que su Torbellino se convertía en un molino: giraba y ayudaba.

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En el recreo, un niño pequeño estaba sentado solo.

Tenía una pelota nueva,pero no sabía con quién jugar.

Beto lo vio.

Su Torbellino quería correr , pero su corazón dijo: “Ve despacio”.

El Truco del Amigo Nuevo

—Hola —dijo Beto—. ¿Quieres jugar?

El niño sonrió.

—Sí… pero no muy rápido.

—Vale —contestó Beto—. Jugamos como tortugas.

Rodaron la pelota. Se rieron. La pelota no voló.

Pronto llegaron más niños y niñas.

—¿Podemos jugar? —preguntaron.

—Claro —dijo Beto—. Es el juego lento.

Todos jugaron sin empujar , sin gritar, sin caerse.

Beto pensó: “Mi Torbellino puede esperar.”

Y eso le hizo sentirse fuerte por dentro.

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Por la tarde, en casa, Beto estaba cansado.

Había sido un día largo.

Vio sus juguetes tirados.

Antes, habría hecho una montaña . un túnel , una carrera.

Pero dijo:

El Truco del Orden Feliz

—Primero guardo…y luego juego.

Guardó los coches , los muñecos , los bloques.

Rexy fue al último.

—Misión cumplida —dijo Beto.

Luego se sentó en el suelo y dibujó.

Dibujó un Torbellino con cara sonriente. Y un niño que lo guiaba con una cuerda.

—Así soy yo —dijo.

Mamá miró el dibujo.

—Tu Torbellino ya sabe cuándo parar.

Beto bostezó.

—Creo que mi Torbellino se está durmiendo.

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Esa noche, Beto se metió en la cama.

Rexy estaba a su lado.

—Hoy ayudé —dijo Beto—. Jugué sin empujar. Compartí bloques. Guardé mis cosas.

Rexy movió la cola.

—Tu magia es aprender —dijo—.Y eso es un superpoder.

Beto cerró los ojos.

Soñó que era un viento suave que movía cometas sin romperlas.

Cuando despertó, sabía algo importante:

Portarse bien no es ser serio. No es estar quieto todo el tiempo.

Es escuchar , esperar, cuidar.

Y así, el Niño Torbellino aprendía cada día que en casa, en el cole y con los amigos,su energía podía ser un regalo si la usaba con cariño.

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Un sábado por la mañana, Beto se despertó con mucha energía.

—Hoy viene Luna a jugar —dijo—. ¡Mi Torbellino quiere hacer una fiesta!

En su habitación había bloques, coches y peluches.

Beto miró todo.

Antes, habría sacado todo de golpe. Pero ahora conocía sus trucos.

El Truco de la Fiesta Ordenada

—Primero preparo el sitio —dijo.

Puso una alfombra en el suelo. Colocó los bloques en una caja. Dejó los peluches en la cama.

Cuando Luna llegó, vio la habitación limpia.

—¡Qué grande es tu habitación para jugar! —dijo.

Beto sonrió.

—Es para que los juguetes no se tropiecen.

Construyeron una casa con bloques. Hicieron un zoo con peluches. Rexy era el jefe de los dinosaurios.

—Mi Torbellino está contento —pensó Beto—. No necesita girar fuerte para divertirse.

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Después de jugar, mamá dijo:

—Es hora de merendar.

Había galletas y zumo.

Beto vio las galletas redondas.

Parecían ruedas.

—Podrían rodar por el suelo —pensó.

Pero recordó:

El Truco del Snack Tranquilo

Cogió una galleta. La mordió despacio , no la lanzó , no la escondió.

Luna hizo lo mismo.

—Jugamos sin romper nada —dijo Luna.

—Y sin ensuciar —dijo Beto.

Luego fueron al parque.

Había columpios, toboganes y arena.

Beto corrió…pero miró alrededor.

—Primer turno —dijo.

Esperó.

Luego se columpió.

Después dejó pasar a otro niño.

Su Torbellino se convirtió en una nube.

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En el parque, un niño lloraba.

Se le había caído su cubo de arena.

Beto lo vio.

Antes, habría seguido jugando , pero ahora sabía otro truco.

El Truco del Corazón Suave

—¿Te ayudo? —preguntó.

Le devolvió el cubo y juntos hicieron un castillo.

—Gracias —dijo el niño.

Beto sintió calorcito en el pecho.

—Ayudar también es jugar —pensó.

Luna aplaudió.

—Tu Torbellino es amable.

Beto miró sus manos.

—Antes giraban rápido , ahora saben parar.

Rexy, desde la mochila, pensó:“Este niño ya es un gran viento.”

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Por la noche, en casa, Beto estaba cansado.

Guardó sus juguetes.

Se puso el pijama.

Se sentó en la cama con Rexy.

—Hoy fui Torbellino…pero también fui brisa —dijo.

Mamá lo tapó.

—Eso es crecer.

Papá apagó la luz.

—Buenas noches, campeón.

Beto cerró los ojos.

Soñó que su Torbellino era un dragón de viento que aprendía a volar sin asustar.

En su sueño, ayudaba a mover barcos, a secar ropa, a empujar cometas.

Y nadie se caía.

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Al despertar, Beto sabía algo importante:

No tenía que dejar de ser alegre , no tenía que dejar de jugar , no tenía que dejar de moverse.

Solo tenía que recordar sus trucos:

Respirar.

Esperar.

Compartir.

Ayudar.

Recoger.

Y así, el Niño Torbellino siguió creciendo.

En casa, en el colegio, con sus amigos y amigas,

aprendió que portarse bien no es ser aburrido, sino ser un Torbellino que sabe cuándo girar y cuándo ser tranquilo.

Y desde entonces,cuando Beto reía, sonaba como burbujas felices…

—¡Bloop, bloop, blooop!




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